Cómo en mi mat transformo la rigidez en flexibilidad.

 


Cada vez que me subo a mi mat, la primer sensación suele ser de rigidez, de cansancio. Es como si mi cuerpo, en ese momento, fuera un mapa de todas las tensiones del día, o de la semana. Pero ahí es donde empieza la magia.

Empiezo a conectar de a poco con mis pies, que son mi raíz, la base de todo. Sigo subiendo por las piernas, percibiendo cada articulación, cada músculo. De lo más denso a lo más sutil, empiezo a sentir cómo la rigidez se empieza a ir lentamente. Es un proceso de ablandamiento, de entrega. La respiración, que al principio suele ser más superficial, se vuelve más consciente, más lenta y liberadora.

Siento algo especial en cada Urdhva Mukha y en cada movimiento de los primeros saludos al sol. Empiezo a sentir el movimiento de mi columna, cómo se libera y se oxigena con cada inhalación y exhalación. La primera repetición siempre me cuesta un poco, es como si se despertara algo dormido. Pero una vez que el cuerpo entra en calor, la sensación es puro placer. Es hermoso sentir el cuerpo, notar cómo se mueve al ritmo tranquilo y constante de la respiración.

Disfruto muchisimo este proceso de mover mi cuerpo, de registrar cada sensación que pasa en el mat. Es una conversación interna, una escucha atenta a lo que mi cuerpo me está diciendo. Y en esa escucha, encuentro no solo flexibilidad física, sino también una profunda sensación de paz y conexión.


Contame ¿Qué te pasa a vos cada vez que te subís a tu mat?.

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