Cuando el deseo se hace camino.


 

A veces los sueños tardan, pero no se olvidan.

Durante años imaginé tener un lugar para dar yoga que se sintiera especial… un espacio donde cada rincón reflejara calma, donde las personas llegaran a respirar, a sentirse, a soltar. Soñaba con crear algo hermoso, luminoso, simple y verdadero.

Y aunque no sabía cuándo ni cómo iba a llegar, el deseo seguía ahí, latiendo.

Hubo momentos de duda, de miedo, de pensar si realmente era posible. Pero algo más profundo me impulsaba. Esa voz suave que dice: “seguí, aunque no sepas cómo va a salir.”

Y seguí.

Seguí soñando, buscando, sosteniendo las ganas de materializar lo que por tanto tiempo solo vivía en mi imaginación. Hasta que apareció este lugar. Un espacio nuevo, vacío, que poco a poco fui llenando con mis manos, con mi energía, con detalles que hablan de mí. Lo decoré como siempre lo había soñado: con luz, con plantas, con alma.

Hoy miro alrededor y siento una enorme gratitud. No porque sea “mío” en papeles, sino porque es mío en esencia. Porque en cada rincón hay algo de mi camino, de mi práctica, de mis sueños.

Y sobre todo, porque una vez más confirmé que el miedo no tiene tanto poder cuando el deseo de crear algo lindo es más grande.

A veces, solo hace falta eso: animarse a dar el paso, incluso temblando.


Comentarios

Entradas populares