¿Y si el yoga no fuera solo moverte… sino aprender a escucharte?



En mis clases siempre les propongo llegar 10 o 15 minutos antes.

Porque la práctica no empieza cuando nos movemos,

empieza cuando frenamos.


Empezamos con un centramiento, observando cómo llegamos hoy:

la respiración, el cuerpo, la mente, las emociones.

Después, saludos al sol para despertar el cuerpo

y secuencias fluidas donde la respiración

es el ancla que nos devuelve al presente, una y otra vez.


Cerramos la práctica física con medios puentes o puentes completos,

nos damos un momento de posturas libres,

para que cada uno explore lo que su cuerpo necesita hoy, sin exigencia.


Seguimos con respiración consciente,

una relajación profunda,

y siempre algún texto que deje algo lindo resonando por dentro.


Si sentís que necesitás relajarte,

habitar tu cuerpo y regalarte un momento solo para vos,

te invito a probar una clase.

El resto… se siente.

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