La importancia de parar y regalarnos un momento.
Pero no lo es.
El otro día, al terminar una clase de yoga, una alumna me dijo algo que me quedó resonando mucho:
“De lo que nunca me arrepiento es de venir a practicar.”
Y esa frase me llenó el corazón.
Porque muchas veces llegar a la clase no es tan fácil. A veces están cansadas, a veces el día fue largo, a veces la mente está llena de cosas. Sin embargo, eligen venir igual. Se regalan ese rato.
Y ahí sucede algo hermoso.
El cuerpo se mueve, la respiración se vuelve más profunda, la mente empieza a bajar un poco el ruido. De a poco, todo se acomoda.
Siempre soñé con que el espacio de yoga sea eso:
un refugio.
Un lugar donde podamos parar, volver a nosotros mismos y recordar que también merecemos cuidado, presencia y atención.
Porque cuando nos damos ese momento, no solo cambiamos cómo nos sentimos en esa hora de práctica. Algo dentro nuestro se ordena. Nos volvemos más presentes, más amables con nosotros mismos y con el mundo.
Y tal vez por eso nadie se arrepiente de haber venido.
Porque en un mundo que siempre nos empuja a ir más rápido, parar un momento puede ser uno de los actos más importantes de amor propio.
Si sentís que necesitás un espacio así, te invito a venir a practicar.
No importa cómo llegue tu día, ni cómo te sientas. Solo hace falta que vengas.
A veces, el primer paso para estar mejor es simplemente regalarnos ese momento. Y permitirnos parar.



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